Los superalimentos de nuestra mesa

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Hace ya algún tiempo que se escucha hablar de superalimentos en todos los medios. Todos hablan de sus propiedades y gracias al prefijo “super” pareciera que estos alimentos tienen poderes sobrenaturales.

En la mayoría de los casos se trata de alimentos que son consumidos desde hace miles de años, aunque algunos de ellos hasta hace poco solo eran conocidos en algún rincón de la selva amazónica o en lo alto de una cordillera. Muchos de estos productos tienen que ser deshidratados o convertidos en polvos y pastillas de aspecto dudoso además de viajar miles de kilómetros para poder llegar hasta nosotros.


¿Realmente tienen superpropiedades?


La fama que han alcanzado estos alimentos se debe a su alto poder antioxidante, su contenido de vitaminas, oligoelementos, fibra o grasas de buena calidad. Además, contienen fitoquímicos que tienen efectos favorables sobre la salud y son los responsables de que se le atribuyan propiedades específicas a cada uno de ellos.


Algunos de los superalimentos más mencionados son algas. Tal es el caso de las algas Kelp que crecen en bosques submarinos, las algas Klamath, la Chlorella, entre otras. Por lo general son comercializadas en polvo o tabletas para ser utilizadas como suplemento nutricional por su contenido en proteínas, vitaminas y minerales. Los rizomas de la cúrcuma y el jengibre son utilizados generalmente como especias y se consideran estimulantes del sistema inmunológico, digestivos, anticancerígenos, entre otras propiedades. La maca, una planta peruana de la cual también se consume la raíz, es conocida por su efecto antioxidante y por mejorar el rendimiento físico. Bayas como las de Goji, originarias de China, y de Açai, procedentes del norte de Sudamérica, son también consideradas superalimentos por su altísima capacidad antioxidante.


Estos son solo algunos de los más mencionados. Gracias a la popularidad alcanzada, algunos de estos alimentos han despertado el interés de la comunidad científica, llevándose a cabo investigaciones encaminadas a demostrar algunas de sus propiedades. No obstante, en la mayoría de los casos, la información disponible no asegura que las bondades que se le atribuyen sean del todo ciertas. Lo cierto es que, si bien son ricos en nutrientes y sustancias con un conocido efecto favorable sobre la salud, estas añoradas sustancias podemos encontrarlas también en alimentos de los de toda la vida.


La realidad de nuestra dieta


Si analizamos un poco los productos típicos de la dieta mediterránea, podríamos encontrar algunos candidatos a los que colocarles una etiqueta de superalimento. El aceite de oliva virgen extra, las legumbres, las sardinas, los cítricos, el ajo, las cerezas, las uvas, los frutos secos y muchos otros alimentos que encontramos a la vuelta de la esquina también nos ofrecen una tremenda riqueza nutricional y una notable capacidad antioxidante. Esos son los que tienen un verdadero impacto en la salud, los de todos los días.


Abrir nuestra cultura culinaria nos enriquece, pero pretender que unos pocos alimentos aumenten nuestro bienestar y compensen el desastre provocado por nuestros malos hábitos simplemente no es realista. Puede que su consumo tenga algún efecto favorable, pero este durará solo el tiempo que lo estemos consumiendo. Solo una alimentación equilibrada, libre de comida chatarra y basada en productos de origen vegetal puede ofrecernos resultados a largo plazo. Está en nuestras manos elegir adecuadamente para que nuestros alimentos, nuestra dieta y nuestra salud puedan lucir también la etiqueta de “super”.

Sobre la autora

Analay Cabrera Martínez

Licenciada en Ciencias Alimentarias. Especialista en Nutrición y Dietética. Diplomada en Nutrición Clínica y Dietoterapia. Investigadora del Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos (INHA), profesora de Dietología en la Licenciatura en Nutrición y Dietética de la Facultad de Tecnología de la Salud y en el Diplomado en Nutrición Humana del (INHA), así como profesora de Manipulación de los alimentos  y de Nutrición en cursos de  formación de Cocinero Profesional en la Escuela de Hotelería.

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